Sopa castellana con huevo y pan duro
Cueces ajo, pimentón, agua, metes pan viejo con dignidad rescatada. Rompes huevo y dejas que cuaje en remolino bonito. Es sopa humilde que llena como abrazo. Comes caliente y sudas un poco; es parte del pacto. No es plato de verano; es plato de “necesito calor interno”. Sales de la mesa con sabor ahumado suave y pan absorbido. La cocina huele a hogar en sentido clásico, sin postureo, con cuchara grande y silencio agradecido.