Pan con tomate en desayuno que arregla el ánimo
Frotas tomate maduro hasta que el pan se tiñe, aceite, sal, a veces jamón encima. Cruje, gotea, mancha dedos. Lo acompañas con café con leche y ya es festín mediterráneo sin coste loco. Es comida sencilla que sabe a verdad. Comes mirando la calle desde barra o desde balcón. El tomate bueno hace magia; el malo enseña paciencia. Aun así, el ritual salva: frotar, oler, morder. Sales con barba de aceite y día más posible.