Kebab de madrugada que no pide explicaciones
Llega envuelto en papel grasiento, con salsa que gotea y sabor a especias fuertes. Lo comes caminando o en el portal, con hambre de oso. No es plan nutricional; es plan supervivencia nocturna. El pan asume el rol de abrazo. Terminas con pepinillo escapado y risa floja. A veces comer es cerrar una noche con carbohidrato y carne sin juicio moral. Duermes pesado y feliz, con promesas de ensalada mañana que quizá cumplas.