Flan de huevo del menú que tiembla al mirarlo
Llega el flan con caramelo líquido que amenaza desbordarse. Lo cortas y tiembla como si fuera vida. Comes despacio porque el caramelo quema si te confías. Es postre de bar humilde y perfecto. No necesitas repostería fina; necesitas textura sedosa y azúcar quemado honesto. Pagas poco y sales con sabor dulce pegajoso en la boca. A veces comer termina así: en silencio bueno, con cuchara y con gratitud simple hacia lo clásico que sigue funcionando.