Caja de reciclaje que rebalsa los viernes
Los viernes la caja de papel se llena como si la semana hubiera sido solo embalajes y nervios. Bajar al contenedor es pereza monumental; lo haces igual. Vuelves con manos sucias y sensación de deber cumplido. La vivienda se siente más liviana sin cartón acumulado. Es mantenimiento invisible de ciudadano, de vecina, de persona que intenta no ahogarse en cosas. El piso huele menos a almacén y más a fin de semana posible, con espacio para respirar y para una bolsa de patatas sin culpa.