Cazón en adobo que huele a feria aunque sea martes
Marinas el pescado con vinagre, ajo, pimentón, especias que pintan la cocina de historia. Lo fríes y queda dorado, ácido, intenso. Comes con pan y limón, con dedos listos para mancharse. Es sabor del sur que llega a tu sartén. Abres ventana porque el olor es declaración de intenciones. No es plato diario; es antojo fuerte. Terminas con hambre de siesta y con boca feliz. A veces comer es viajar sin billete, solo con aceite caliente y receta aprendida de alguien que quieres.