Poner alarma diez minutos antes para “despertar suave” y ignorarla
La primera alarma es teatro; duermes hasta la segunda con culpa cómoda. Sales de cama en modo turbo de siempre. Es relatable de rutina de mentira piadosa. Piensas que el día a día incluye estos intentos fallidos de ser persona zen. No pasa nada: el sistema imperfecto funciona igual. Llegas tarde un minuto o justo. El mundo no registra tu drama de alarma doble. Solo tú sabes que la “suave” fue ficción; la real fue café y prisa honesta.