Merluza en salsa verde que huele a mar limpio
Pochas cebolla, ajo, perejil, vino blanco, caldo; metes merluza con cuidado. El plato huele a verde honesto, a limón, a pescado que no grita. Comes con pan para mojar hasta el final. Es comida de semana elegante sin ser cara. El perejil se pega en los dientes y te ríes. Es saludable sin discurso: es sabor. Sales de la cocina con sensación de haberte cuidado sin renunciar a gusto. La salsa verde perdona errores si hay buen aceite.