Sardinas asadas en balconera que huelen al vecindario
Pones sardinas en papel de aluminio con limón y hierbas si hay, las metes al horno o plancha eléctrica en balcón con cuidado de humo. El olor viaja y tú sonríes con culpa mínima. Comes con dedos, espinas con respeto. Es pescado simple que sabe a verano aunque no lo sea. Acompañas con ensalada y pan. A veces comer es llenar el aire de mar en un piso y no pedir perdón del todo, porque el vecino también cocina cosas fuertes a veces.